Traducción y corrección 

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Lentejas, ¿las tomas o las dejas?

Publicado en 05/10/2017 por en Traducción

Foto de rosarioaldaz (https://www.flickr.com/photos/7330193@N03/12990831175/)

«¿Cuánto se cobra por una traducción?». Cuántas veces me habrán hecho esa pregunta. Y respuestas, las hay para todos los gustos, más ahora que nuestro mercado es el mundo y que la tecnología ha llegado para quedarse. Me explico.

Antes de Internet el mercado era local (se recogían las traducciones en papel), pero ahora el mercado se ha ampliado de forma exponencial: tenemos clientes en Barcelona, Madrid, Suiza, Estados Unidos, China… Donde nos necesiten. ¿Y qué significa eso en términos de tarifas? Significa que hay que adaptarse. En principio, España tiene una horquilla tarifaria; Francia tiene otra; Suiza tiene otra (pasen y vean)… Y estoy generalizando geográficamente, pero dentro de esto también hay que tener en cuenta los distintos mercados y especializaciones.

Esto era así hasta ahora, pero se están viendo cambios. ¿Qué cambios? Pues lentejas. Sí, lentejas. Por aquello de «son lentejas; si quieres las tomas y, si no, las dejas». Cada vez más, se anula la negociación, se estandarizan más las tarifas y te sueltan la retahíla «la tarifa de mercado para tu combinación es x». ¿Perdón?

En mi opinión, ante esas «lentejas», muchas veces hay que saber decir «no», porque con cada «sí» inapropiado (aquí, cada cual), estamos contribuyendo a empeorar nuestras condiciones. Unas condiciones que están cayendo en picado a causa de unas actuaciones que se asemejan mucho al dumping. En todo caso, yo siempre digo lo mismo: esto es la oferta y la demanda: a más oferta, menor precio, pero cuidado: ¡hay unos mínimos para garantizar la calidad! ¡Hay unos mínimos para poder vivir!

El otro día me quedé «ojiplática» al leer las bases de un concurso público de traducción de una gran empresa española. Al ver los precios que sugerían (no considerarían ofertas con precios superiores y bonificarían ofertas con precios inferiores), me puse en contacto con una compañera que trabaja en una agencia habitual de este tipo de contratos. Su explicación: que sí, que era muy bajo, pero que las agencias tienen estructura para responder: aplicando tecnología, trabajando en interno y perdiendo en una parte de la contrata para ganar en otra. Si ganan, es una cuenta de 50.000 euros. Es la visión empresarial de nuestro oficio. Da qué pensar.

Hablemos un poco de la tecnología, que también ha hecho bajar considerablemente los ingresos de los traductores. Los que me conocen saben que a mí me encanta la tecnología aplicada al lenguaje. Siempre he tenido la vista puesta en los avances tecnológicos, y en este sentido, creo que podemos adaptarnos y cobrar por horas según qué trabajos. Yo lo hago. Esto relativiza también el precio de las traducciones sin que el traductor pierda.

En definitiva, el precio del producto final (la traducción) no es fijo. Nosotros no somos máquinas y podemos adaptarnos. Lo que no es adecuado es exprimirnos escudándonos en un mercado que se ha difuminado. Lo importante es que las personas trabajen satisfechas, que no se sientan explotadas ni timadas. Porque la calidad del trabajo y nuestra salud mental dependen de ello. Y las lentejas, pues eso: a veces hay que dejarse el plato entero. Por una razón muy simple: es pan para hoy y hambre para mañana.

 
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